UNA PROBADITA

Tomar un café se ha convertido, para los amantes de esta infusión, en un ritual. Exigen para cada ocasión (reunión, lectura, descanso, negociación, celebración…) una deliciosa taza de café de origen con un determinado perfil, por ejemplo: “café perfumado, rico en aroma”. Lejos quedan los adjetivos más utilizados para definir un café: bebida negra y amarga, suave o fuerte.

Beber un buen café, además de un placer, se convierte en un juego cuando te concentras en apreciar la sugestiva y sorprendente riqueza aromática de la bebida. Y es que dependiendo de la tierra donde se cultiva encontramos sutiles diferencias en su sabor:

Los atributos que los catadores utilizan para definir el perfil de un café son: la fragancia, el aroma, cuerpo, acidez, sabor.

La fragancia consiste en descifrar los olores en un café recién molido: floral, afrutado, vegetal y herbáceo. Este atributo no podemos apreciarlo cuando nos sirven la bebida en una cafetería.

El aroma lo percibimos cuando lo mezclamos con agua. Primero, olemos los vapores que desprende la infusión: afrutado, herbáceo, vegetal, floral…En boca, determinamos sabor, cuerpo, acidez.

En cuanto al sabor, Primero aparecen los dulces (punta de la lengua) , los siguientes son los salados (laterales anteriores) y los ácidos (parte lateral) y a los diez segundo, los amargos (parte posterior).

La acidez, no confundir con lo agrio que es un defecto, es virtud y no defecto. Es la expresión de viveza de un café. Viene determinada por la altitud del cultivo, a más altitud, mayor acidez.

El cuerpo es la sensación de espesor, fluidez o ligereza que tenemos en boca durante unos segundos al conservar un sorbo de café.

A partir de ahora cuando deguste un café intente buscar ese abanico de sabores que solo se puede apreciar en un buen café. Por cierto, gusta una probadita de café los brujos? Para pedir que le manden una pequeña muestra a su empresa contáctenos aquí